Ciegos de su poder de cambiar

La religión no conoce fronteras, ni geográficas ni sociales – la religión vive en los corazones de los creyentes. “…civil religion no longer stops at our borders, but rather, that increasingly it is a set of values and beliefs that is trans-nationally defined” (Levitt 161). Por lo tanto, la religión es una de las cosas que los inmigrantes latinos no tienen que dejar en sus propios países. En “Two Nations Under God? Latino Religious Life in the United States” Peggy Levitt dice que los latinos han y están transformando la religión católica y además están cambiando las dinámicas de la iglesia. Sin embargo, muchos individuos no se dan cuenta de su gran influencia en la iglesia católica, debido a su posición en la estructura social. Siempre ha existido una jerarquía en la iglesia. Lo más alto se encuentra la estatua de Jesucristo, luego el sacerdote y después la congregación abajo. Esta imagen construye un símbolo de la dinámica entre el centro de poder y la periferia. Opinamos que esa dinámica entre el centro de poder, la iglesia y la periferia, la congregación no permite a los latinos crear en su fuerza de cambiar o influir una jerarquía ya establecida. Obviamente, los latinos han influido las iglesias en Hartford.

Un gran cambio que los latinos han hechos en la iglesia de St. Anne de la Inmaculada Concepción es unirse e organizarse en la iglesia. Los latinos traen sus tradiciones y costumbres de sus países a su barrio en los Estados Unidos. Por ejemplo, los puertorriqueños en Hartford celebran la Virgen de la Divina Providencia, los peruanos celebran el Señor de los Milagros y los mexicanos celebran la Virgen de Guadalupe. Los latinos involucrándose en la iglesia es importante no solo para mantener sus tradiciones de sus países, pero para enseñarles a sus hijos Cambio en la iglesia.

Hablamos con inmigrantes de México que estaban sacando sus pasaportes en un edificio al lado de la iglesia de St. Anne de la Inmaculada Concepción. Radulfo, un profesional que ha están en los Estados Unidos por más de 15 años no está de acuerdo con Levitt. Dice que los Latinos no han transformado la religión ni la estructura de la iglesia. Sin embargo, él opina que todas las iglesias católicas son iguales. Por ejemplo, Radulfo nos explicó que la misa en inglés en Glastonbury es semejante a la misa de español en Hartford. La única diferencia es la lengua. Lo importante es que el mensaje de Díos es el mismo en cualquier idioma Radulfo. Pero él se contradice porque iba a misa todas las semanas en su pueblo en México y aquí no asiste con frecuencia, y su razón principal es la barrera idiomática. Entonces, Radulfo desconoce el “universalismo” de la religión. La verdad es que él no se da cuenta que la religión en Hartford es diferente en otras maneras, no solamente la lengua. Hay muchos estudios que indican que muchos latinos al inmigrar pierden su religión porque para muchos no es el centro de la vida social como en sus pueblos natales.

Él está confundido porque sus pensamientos cognoscitivos dicen que la religión es universal. Existen símbolos de la religión que sirven para legitimar la práctica que no se relaciona con un solo lenguaje como la casa de Dios, la Biblia, agua bendita, entre otras cosas. Pero, por otro lado, Radulfo no tiene la misma conexión con la iglesia en los Estados Unidos como tenía en México. El idioma representa más que las palabras que pronuncian “el mensaje de los Dios.” Un servicio en inglés adopta otro repertorio, el cual abandona el espíritu comunitario que es el central en México.

Según Sebastián, amigo de Radulfo, la única diferencia entre el servicio en México y en Hartford es la presentación de los textos litúrgicos. En México usan solamente un papelito con “las palabras de Díos” pero aquí es más rígido Sebastián. El sacerdote le dice a la congregación lo que hay que mirar y leer y ellos lo hacen. Por el otro lado, en México no es tan importante como la palabra está presentado sino el espíritu y el sentimiento. Este espíritu es lo que trae cohesión y construye la “ciudadanía social” en Hartford.

Obviamente, los latinos han influido en la dinámica de la ciudad de Hartford con su toque religioso. Se puede ver el gran impacto con la presencia de muchas iglesias en la ciudad – muchas con servicios en español. Más importante son los grupos de latinos, los puertorriqueños, peruanos y los mexicanos que se han involucrado en la iglesia y han traído sus tradiciones de sus países natales. Desde afuera, se puede ver muy bien este impacto, pero los individuos que no conocen una vida religiosa, no pueden ver su influencia como un gran impacto, debido también a su posición en la periferia que está muy lejos del centro de poder en el polisistema de los EE.UU. Juan Flores habla sobre “la comunidad imaginaria,” que los latinos forman un grupo social que es “… a projection beyond the “real” as the immediate present and rationally discernible. It is the “community” represented “for itself,” a unity fashioned creatively on the basis of shared memory and desire, congruent histories of misery and struggle, and intertwining utopias” (Flores 613). La comunidad imaginaria es la que une la comunidad.

De hecho, los latinos son un sistema dentro del polisistema de Hartford, pero para mantener la jerarquía de poder, el latino típico de la calle no siente que tiene el suficiente control de cambiar algo tan importante como el establecimiento de la iglesia católica. Esa mentalidad resulta en un pensamiento de ser “los otros” de la comunidad religiosa y puede ser una razón por la cual los inmigrantes latinos no asisten a misa y no pueden ver que han transformado la religión católica de Hartford a través a su comunidad imaginario que se requiere que los latinos no se asimilen y que mantengan sus tradiciones de sus países natales.

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