Capítulo 1: La migración peruana a Santiago y a Hartford

I. La migración entre 1870 y 1950 

Aunque la gente migra por una variedad de razones, el modelo de push-pull es usado como un bosquejo general. David W. Engstrom, un profesor de New Mexico Highlands University, editó un libro con Pastora San Juan Cafferty, una profesora de University of Chicago, que se llama Hispanics in the Unites States. Su libro es una colección de ensayos sobre la experiencia hispana en los EEUU. El capítulo dos, Engstrom analiza el proceso de la migración y describe el método de push-pull, la explicación más común de la inmigración. Según él: “conditions in country ‘A’ push people to emigrate, while conditions in country ‘B’ pull them to immigrate” (32). Aunque la realidad es más compleja, esto crea un esquema básico. A pesar de la situación específica, alguien o una familia migran para encontrar una vida más estable, ganar más dinero, o proveer un futuro mejor para sus hijos y en su opinión, su país de origen no puede garantizar estos deseos. Alejandra Bone Eugenin y Paula Cabrera Pichuante elaboran en su tesis, Situación laboral del extranjero en Chile: Estudio del caso de la inmigración peruana:

En general el concepto de migración se vincula con la idea de pasar de un país a otro para vivir en él. Se denomina migración el cambio de lugar de residencia de personas o grupos de personas en forma más o menos permanente, motivados mayormente por razones económicas, aunque también se produce por motivaciones políticas, religiosas, sociales, etc. […] La migración involucra la acción de entrar a un país (inmigración) y la de salir de otro (emigración) (18-19).

Engstrom y Eugenin y Pichuante ofrecen dos explicaciones generales de la migración. Sin embargo, a pesar de todos los significados y todas las maneras, la gente ha estado migrando desde el principio de los tiempos; no es un fenómeno nuevo. No obstante, durante el último siglo, se han desarrollado tendencias importantes.

El tema de la globalización es clave en nuestro estudio de la migración. A través de la historia, los factores fundamentales que han influido en la migración son más o menos constantes; no obstante, con la evolución de un mundo más global, más pequeño, más interdependiente, estas causas no pueden mantener su autonomía. La globalización ha cambiado la dinámica del mundo.

Hay dos fases de la globalización. Andrés Solimano, el asesor regional de la División de Desarrollo Económico de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, analiza el efecto de la globalización en la migración en su artículo “Globalización y migración internacional: la experiencia latinoamericana”. Entre 1870 y 1913 había la migración masiva. Esta época puede ser caracterizada por el principio del mercado libre y el movimiento de bienes y servicios. Asimismo, muchos países, especialmente el Norte y Sur América, tenían filosofías liberales sobre la inmigración. La gente, como los bienes, estaban migrando por océanos y cordilleras (57). Sin embargo, los años entre 1913 y 1945 fueron difíciles y las guerras mundiales interrumpieron este intercambio de personas y servicios. Por eso, la segunda fase de la globalización empezó durante los cincuenta. Afirma Solimano:

Con el fin de la segunda guerra mundial, la reconstrucción económica de Europa y el restablecimiento de las relaciones comerciales y de las inversiones a nivel internacional en la segunda mitad de la década de 1940 y principios de la de 1950, se inició un nuevo periodo de prosperidad económica mundial (58).

Esta cita refuerza la idea de que la globalización tiene un papel importante en las tendencias de la migración. Además, este hecho nos muestra que para comprender por qué y cómo la gente migra, necesitamos tener un conocimiento de la política mundial. América latina no es una excepción a las consecuencias de la globalización, sino un caso importante.

II. La migración femenina

Como hemos establecido, la migración no es un tema reciente; sin embargo, con el desarrollo de la globalización y la evolución inevitable de la política mundial, hay tendencias nuevas. El papel de las mujeres en el nivel global ha cambiado profundamente en el siglo XX. Las mujeres han entrado en el mercado laboral; ellas estudian en las mismas universidades; han estado ganando los mismos derechos legales. No obstante, el progreso nunca resulta sin consecuencia.

La migración femenina es un ejemplo importante del lado más oscuro de la modernización. La migración, generalmente, había sido un proceso masculino. Sin embargo, ahora hay una demanda, una oportunidad, un espacio, un deseo por el movimiento de la población femenina. Hay una variedad de maneras para explicar su migración, como un refugio de la violencia intrafamiliar o una posibilidad para estudiar o explorar otra parte del mundo. No obstante, la mayoría de las razones tiene sus raíces en problemas económicos y/o en un deseo de mejorar su vida o la de sus hijos (Stefoni 121).

La teoría de la reproducción social o labor reproductivo ayuda a explicar el crecimiento reciente de la migración femenina. Según Pierrette Hondagneu-Sotelo, en su ensayo “Families on the Frontier”, la reproducción social “consists of those activities that are necessary to maintain human life, daily and intergenerationally” (263). Los autores elaboran:

Social reproduction encompasses the purchasing and preparation of food, shelter, and clothing; the routine daily upkeep of these, such as cooking, cleaning and laundering; the emotional care and support of children and adults; and the maintenance of family and community ties […] Many components of social reproduction have become commodified and outsourced in all kinds of new ways [such as fast food restaurants, grocery delivery services and private, paid domestic help] (263).

En otras palabras, mientras más mujeres están operando en el mercado laboral y pasando tiempo fuera de la casa, el trabajo doméstico espera. No es posible estar en la oficina a las nueve de la mañana hasta las cinco en la tarde y hacer la cena, organizar la casa y jugar con los hijos. ¿Quién va a cuidar a los niños y cocinar y limpiar mientras la madre está trabajando?

Las inmigrantes. La respuesta es tan fácil como polémica. Carolina Stefoni Espinoza es una socióloga de la Universidad Católica de Chile y el tema de la migración peruana es uno de sus focos principales. Ella ofrece una descripción de la reproducción social en su libro, Inmigración peruana en Chile: Una oportunidad a la integración:

Las razones que explican un incremento en la migración femenina proveniente del Perú creemos que son múltiples. Primero, existen condiciones del mercado laboral que facilitan la inserción de mujeres inmigrantes en puestos de trabajo; segundo, el funcionamiento de redes sociales facilita la llegada de mujeres que han sido ‘llamadas’ por inmigrantes que ya tienen un trabajo; tercero, el servicio doméstico ofrece condiciones que permiten optimizar los objetivos de reunir dinero y poderlo enviar a sus familiares en el país de origen (84).

Según Stefoni E., en una frase muy abrupta: “las inmigrantes ocupan puestos de trabajo que han sido abandonados por mujeres chilenas” (84).

El caso de Chile es un ejemplo clave; sin embargo, el fenómeno de reproducción social también tiene un papel fuerte dentro de la sociedad estadounidense. Hondagneu-Sotelo describe el efecto de la globalización en el trabajo domestico, especialmente en los EEUU. Según Hondagneu-Sotelo, la desigualdad de los países ha creado un nuevo mercado y el resultado es “el Programa Bracera”[1]. Los países más ricos o estables, como los EEUU, pueden importar a las trabajadoras de los país más pobres para sostener su economía (264).

Stefoni E. y Hondagneu-Sotelo discuten un tema universal dentro de dos sociedades distintas y sus trabajos tienen conclusiones semejantes. La reproducción social es una consecuencia peligrosa de la globalización. Las mujeres inmigrantes enfrentan una variedad de obstáculos, a pesar de que ellas inmigran a Chile o a los EEUU, están en una posición muy vulnerable. Denise Paiewonsky, una investigadora, discute el destino difícil de estas mujeres inmigrantes en su artículo por las Naciones Unidas:

Quizás la característica más notable de la migración femenina es como ésta se sustenta en la continua reproducción y explotación de las desigualdades de género en el marco del capitalismo global. La mayoría de las trabajadores migrantes realizan ‘trabajos de mujeres’ como niñeras, empleadoras, domésticas o trabajadoras sexuales, los nichos laborales menos deseables en términos de remuneración, condiciones laborales, protección legal y reconocimiento social (3-4).

Paiewonsky enfatiza la situación precaria de estas inmigrantes y su salud sufre, inevitablemente. Ellas no reciben el cuidado médico que merecen y no tienen acceso a los servicios médicos que necesitan. Sin embargo, ellas son jóvenes o adultas jóvenes (Rodríguez xv, Núñez y Torres 26), la población más vulnerable. Ellas viven en la periferia. Son un grupo marginal dentro de la sociedad pero, a causa de la reproducción social, tienen un nuevo papel integral. Perú es un ejemplo de un país con una historia dura y las peruanas están migrando a países como Chile y los Estados Unidos para encontrar algo, como trabajo o reunirse con la familia. Sin embargo, para comprender los desafíos de estas mujeres como inmigrantes en Santiago y Hartford, tenemos que estudiar su país de origen.

III. El caso de Perú

Según el censo chileno de 2002, hay 50.448 argentinos, 39.084 peruanos, 11.649 bolivianos y 9.762 españoles que están viviendo (legalmente) en Chile (Informe 313). Según Guiszela Ramirez, la asistente al Consulado General del Perú en Hartford, Connecticut, hay 25.000 familias peruanas en Connecticut y más de 7.500 peruanas en Hartford. A pesar de la representación de una variedad de extranjeros en Chile y los Estados Unidos, el caso de Perú es especialmente interesante y las poblaciones continúan creciendo. La migración de Perú a Chile y a los EEUU reflejan algunas tendencias y consecuencias generales de nuestra época y ofrece una oportunidad para estudiar como un tema antiguo, cómo la migración, se desarrolla en tiempos modernos.

Para comprender por qué los peruanos han venido a Chile y a los EEUU y continúan viniendo, necesitamos comparar y contrastar las situaciones políticas, sociales y económicas de los países. Empezamos con las de Perú y Chile:

La década de los noventa en Chile está caracterizada a lo menos por dos grandes procesos. En primer lugar, por la restauración y recomposición democrática- luego de casi dos décadas de vigencia de un régimen político dictatorial-, el que se inicia con el gobierno de Patricio Aylwin a inicio de los noventa. En segundo lugar, un sostenido ritmo de crecimiento y consolidación económica, el que se expresa en el destacable promedio de crecimiento económico de 5,5% en la última década (Araujo et al. 13).

Esta cita nos muestra que la situación en Chile desde los noventa ha sido más o menos estable, que ha sido una época de crecimiento y expansión en muchos campos. Perú tiene otra historia.

En 1980 Fernando Belaúnde ganó la presidencia de Perú y su plan económico fue un fracaso completo. Había una inflación de 72,9% anual y esto, con las consecuencias del fenómeno natural de El Niño, produjeron una pobreza enorme. Cuando Alan García llegó a ser el presidente en 1985, la situación empeoró. Entre 1989 y 1990, la inflación creció a 7649,6%. Luego, en 1990, Alberto Fujimori asumió la presidencia. Él instituyó una economía de shock[2], un sistema severo que trató de estabilizar la economía y parar la inflación. No obstante, fue un desastre (Araujo et al. 18).

Aunque durante el primer mandato de Fujimori, en la primera mitad de la década del noventa se resuelve en gran medida el problema de la violencia terrorista, a lo largo de la década se profundizan los problemas sociales del país, aumentado del deterioro de las condiciones de vida de la población, el de los servicios de salud, educación, vivienda y otros servicios públicos; se va agrandando la brecha entre el sector más rico y el más pobre. El porcentaje en 1999 de la población bajo la línea de pobreza es de 54% (Araujo et al. 19).

Perú era en un estado en crisis . En 2000 Fujimori huyó a Japón y Valentín Paniagua creó una oportunidad para tener elecciones en el país. Por eso, en 2001 Alejandro Toledo asumió la Presidencia de la República y Alan García Pérez ganó, por elecciones directas, en 2006.

Chile y Perú han tenido caminos diferentes en las últimas décadas. Mientras Chile ha estado trabajando por la democracia y la estabilidad, Perú ha estado luchando contra la inflación, la violencia, la corrupción y el caos. A causa de “la cercanía geográfica”, el hecho de que los dos países comparten el mismo idioma y la falta de muchas restricciones de entradas en Chile, no es una sorpresa que los peruanos busquen la seguridad y la prosperidad en su vecino (Araujo et al. 13-14).

IV. El caso de Chile

En 1970, había 8.884.768 personas en Chile y 88.881 de ellos eran extranjeros (1,0%). 0,35% de los extranjeros eran peruanos. En 1980, 0,7% de la población era extranjera u 84.345 de los 11.329.736 y 0,38% era peruano. No obstante, en 1992, Chile tuvo una población extranjera de 0,9% y 0,57% era peruano, o sea 7.649 de 114.597 (Solimano 62). En 2002, había 22.807 peruanas en Chile (San Martin y Venegas 160). En 2007, 62% de la población peruana en Chile está formado por mujeres (Núñez y Torres 26). Estas estadísticas nos muestran que ésta es una población que continúa aumentando y expandiéndose.

La migración de cada país está influida por variedad de factores y estos incluyen la política de la nación, la economía de la época, las relaciones internacionales y su sistema social individual. Chile tiene una historia interesante y Stefoni Espinoza articula esta idea:

Chile no ha sido un país de inmigrantes, como son Argentina, Brasil, Venezuela o Estados Unidos. En efecto, la proporción de la población de inmigrantes en el país se ha mantenido entre el 1 y 2% a lo largo de su historia, porcentaje más bajo que la población de inmigrantes a nivel mundial que alcanza un 3,0% de la población. Datos oficiales señalan que existen actualmente entre 200 y 250 mil inmigrantes en el país, lo que representa el 1,5% de la población total, mientras que existen entre 800.000 y un millón de chilenos que residen fuera del territorio nacional (alrededor de 6% de la población total) (47).

No obstante, el número de los extranjeros en Chile ha continuado creciendo durante las últimas décadas. Según el censo chileno de 2002, hay 195.320 extranjeros en Chile, un aumento de 75% desde 1992 (Informe 313). ¿Por qué ha habido un aumento tan enorme?

Durante la segunda mitad del siglo XIX, Chile, como otros gobiernos, empezó a aprovecharse de la filosofía de mejorar la raza y por eso, tenía leyes migratorias más o menos liberales. Chile, y otras naciones, quieren aumentar su población con la gente progresiva y sofisticada de Europa y Asia. Por eso, el gobierno permite el desarrollo de algunas comunidades alemanas en el sur y algunas asiáticas en el norte. Además, había españoles, italianos, suizos y otros de Europa occidental. Este acrecentamiento se corresponde con la primera fase de la globalización que fue mencionada más temprano. Asimismo, los europeos continúan huyendo a Chile durante las Guerras Mundiales de la primera mitad del siglo XX (Stefoni Espinoza 48-49).

No obstante, este crecimiento fue interrumpido abruptamente en 1973. La época de Augosto Pinochet empezó ese año y marcó un cambio importante en el modelo de la inmigración a Chile. Primero, en 1975 el Decreto Ley N˚ 1094 fue establecida. Esta ley, conocida como la Ley de Extranjería, todavía existe y tiene “una orientación policial y de control de fronteras [para reforzar] la noción de seguridad nacional y territorial” (Stefoni Espinoza 51). Además, mucha gente huyó durante la dictadura a causa de la persecución política para buscar asilo y una vida más segura; es imposible saber un número específico. No obstante, el retorno a la democracia representó otra parte de la historia chilena. En la última década del siglo XX, Chile empezó su transición y muchos chilenos han regresado a su país.

V. El caso de los Estados Unidos

La inmigración latina a los Estados Unidos no es un nuevo fenómeno y esta cita de Engstrom demuestra la historia larga de esta inmigración:

Hispanics were among the first immigrants to the United States. More than twenty years before the Pilgrims established a foothold near Plymouth Rock, the Spanish had already created settlements in New Mexico. Yet Hispanics are also among the most recent immigrants. For the past thirty years, well over one-third of foreign nationals emigrating to the United States have come from Latin American and Spanish-speaking Caribbean countries (31).

A pesar de todos los cambios en la política mundial, los latinos continúan viniendo a los EEUU y hoy en día, ellos son el grupo minoritario más grande en el país. Según el censo estadounidense de 2000, la comunidad latina constituyó 12.5% de la población estadounidense. Sin embargo, en 2005 aumentó a 14.5% (Rodríguez xvii). Además, según las proyecciones de la Agencia de Censo de los EEUU, en 2020 habrá 52 millón hispanos en los EEUU, constituyendo 16.3% de la población total. En 2050, el número aumentará y habrá 97 millón de hispanos en los EEUU o 24.5% de la población (Sullivan 1).[3]

Usando el modelo de Engstrom, la mayoría de la migración sigue el proceso de push-pull y los Estados Unidos ha tirado. Los EEUU tiene una historia larga de contracciones laborales (como el Programa Bracero), intervención militar y política exterior (33) que han agravado su tirón. Además, algunos extranjeros buscan obtener el sueño norteamericano (34). Eventualmente, los redes de familia y amigos que desarrollan tienen una influencia más grande que el tirón del gobierno estadounidense y la población continúa creciendo (37).

La comunidad peruana en Hartford no aparece al instante, sino era (y todavía es) un proceso que también ha sido influido por el modelo de push-pull. Antes de examinar la salud de estas mujeres, es importante comprender la población extranjera que existe en Connecticut y el papel de los hispanos, en general, dentro del grupo inmigrante. Por ejemplo, hoy, 12.9% de la población de Connecticut es extranjera y 28% de los habitantes de su capital nació en el extranjero (Mejia 2-3). Después de 1980, 82% de esta población ha sido de Sudamérica, mientras solamente 18% de esta población nació en Sudamérica antes de 1982 (Fishkin 2).

Según Alfredo Chuquihuara Chil, el Cónsul General Adscrito de Perú en Hartford, la migración latina a la capital de Connecticut representa una de las migraciones más antiguas (a los EEUU) en la historia peruana. Empezó durante los cuarenta, durante el desarrollo de las factorías. Mario Reyes, el líder de Association of Peruvian-American Professionals (APAPRO) de Hartford describe la influencia de estas compañías grandes. Según él, los hombres de negocios fueron a Perú para establecer contactos y comerciar con la gente allí. Sin embargo, fueron a Lima con sus familias y por eso, necesitaban nanas, jefes de cocina o chóferes. Después de algunos años, los hombres estadounidenses de negocios regresaron a los EEUU, pero con su ayuda peruana. Además, había una demanda en los EEUU por las trabajadoras domésticas y las mujeres vinieron para coser, cocinar, y cuidar a los niños. Los hombres vinieron en los cincuenta para trabajar en las minas. Gradualmente, más y más peruanos llegaron y encontraron trabajo con las compañías, como Underwood Olivetti, Prat & Whitney y Colt’s Firearms. Al fin de los cincuenta había más o menos mil peruanos en Hartford (Hoppock 11-12). Sin embargo, este número aumentó exponentemente en los ochenta y los noventa a causa de la crisis política y económica en Perú (Hoppock 13).

VI. Resumen

La inmigración peruana a Santiago de Chile y a Hartford, Connecticut es un proceso que refleja las tendencias mundiales y el modelo de push-pull. A causa de las demandas de la globalización y las consecuencias de la modernización, un nuevo papel existe dentro de las sociedades más prósperas: un crecimiento en el trabajo doméstico. El fenómeno de la migración femenina es una respuesta a la reproducción social, la necesidad para alguien mantener la casa mientras la madre trabaja. Sin embargo, no todas las peruanas migran para llegar a ser trabajadoras domesticas, y según Mario Reyes y Guisezla Ramirez, algunas de las mujeres peruanas en Hartford trabajan como limpiadoras en instituciones o empresas o en restaurantes de comida rápida.

Aunque cada situación es distinta, los números de las peruanas en Santiago y Hartford continúan creciendo. Sin embargo, una falta de recursos existe para ayudar a estas mujeres durante su transición y mantener su bienestar durante sus vidas. Ellas viven en la periferia y no tienen acceso a los recursos necesarios. El capítulo siguiente explica el discurso legal sobre la salud y sobre la inmigración en Chile y Connecticut para ilustrar la brecha entre el estándar internacional sobre la salud y la realidad y también las tendencias legales sobre la política migratoria en los dos países.


[1] Entre los años 1942 y 1964, el gobierno de los Estados Unidos creó Operation Wetback para traer a los Mexicanos, los braceros, a los campos del EEUU para trabajar durante La Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, había regulaciones muy duras. En las palabras de Lee G. Williams, el ejecutivo que organizó Operation Wetback por cinco años, el Programa era “legalized slavery […] The braceros were hauled around like cattle in Mexico and treated like prisoners in the United States” (Trumpbour and Bernard 129).

[2] Según el estudio de Araujo y su equipo de la Fundación Instituto de la Mujer, la economía de shock de Fujimori era un sistema violento. Él trató de parar la inflación con “una reducción drástica en la emisión del circulante”. Además, él privatizó la mayoría de las empresas, mientras aumentó el precio de muchos bienes. Desafortunadamente, un aumento en la pobreza fue el resultado más común (18).

[3] Estas estadísticas refuerzan la presencia creciente de los latinos en los EEUU; sin embargo, también destacan una discrepancia clave. La mayoría de los estudios/textos escritos en los EEUU sobre la gente de América Latina no es específica. Las estadísticas solamente refieren a “los latinos” o “los hispanos”. Sin embargo, esto es una población enorme, llena de nacionalidades distintas y grupos diferentes. Por eso, es imposible a poner todos los hispanos en una categoría general, como todos los europeos. No podemos comparar las necesidades de los franceses y los griegos y la misma mentalidad debe ser aplicada a “los latinos”. Sí, según esta fuente, un tercio de los inmigrantes a los EEUU es de América Latina, pero hay más o menos veinte países dentro de esa generalización. Por ejemplo, según un libro, la población latina en los EEUU es generalmente descrito como “a youthful age structure; a large number of foreign born, including many ‘undocumented’; low levels of education; and disproportionate concentration in low-skill, low-wage jobs” (Rodríguez xv). Es imposible que todos los inmigrantes sigan las mismas tendencias o tengan el mismo destino. Sin embargo, las generalizaciones no son la culpa ni de los investigadores ni los escritores, sino es la realidad de la falta de información específica.

A pesar de las discrepancias, estos textos son útiles porque establecen que algunas disparidades generales existen y estas tienen un efecto enorme en los sub-grupos, como las peruanas en Hartford. Desafortunadamente, el hecho que tantas inmigrantes sean jóvenes, les falte una educación suficiente y no ganen mucho dinero en sus trabajos es clave en un estudio sobre la salud. Necesitamos usar los números y las generalizaciones como un guía, aún comprendiendo sus limitaciones.