Capítulo 3: La salud de las peruanas

I. La vulnerabilidad de la salud

Según un sitio web de la Organización Panamericana de la Salud (PAHO), el gobierno de Perú empezó una serie de reformas a su sistema de salud en 1995. Cinco principios fundamentales representaron el esquema del programa y ellos incluyeron “universal access to public health services and individual care; modernization of the sector; re-structuring functions of financing, provision and regulation; prevention and control of priority health problems; and, promotion of healthy living conditions and life styles” (Response of the Health System). Aunque estas cinco ideas son claves en el proceso de mejorar el sistema de salud, algunas entrevistas con gente en Santiago y Hartford destaca los obstáculos que han existido en Perú por décadas. Guisezla Ramirez, del Consulado de Perú en Hartford, habló sobre la magnitud de la pobreza en Perú y las discrepancias entre los ricos y los pobres. Hay una cantidad enorme de pobres en todos los lugares de Perú y la gente de los campos viven en algunas de las condiciones más indigentes del mundo. Además, Grace Duarte-Baker, de Hispanic Health Council, habló durante una entrevista sobre el sexismo que existe en muchos países latinoamericanos. Las mujeres no tienen las mismas oportunidades o libertades, especialmente las mujeres pobres y su salud sufre. Asimismo, conceptos modernos y progresistas como el uso de anticonceptivos y las enfermedades mentales son más comunes en los Estados Unidos. Las peruanas que participaron en los talleres de la Fundación Instituto de la Mujer en Santiago de Chile describieron la falta de una educación sobre el sexo seguro y un discurso sobre los derechos del cuerpo en Perú. En otras palabras, como empezamos esta discusión de las disparidades de la salud de las peruanas que han migrado a Chile y a los Estados Unidos, es útil recordar sus raíces. Perú tiene una historia dura y aunque el país está trabajando hacia el cambio, las mujeres que migran, generalmente, son las victimas de años de la negligencia, la marginalización, y el sexismo. El gráfico dos ofrece una visualización de los desafíos de ser mujer y el hecho que las inmigrantes ya tienen una historia compleja antes de migrar.

Gráfico N˚ 2

Género: Un efecto de la cultura

Fuente: Centro de la mujer de Peñalolén, Santiago de Chile

II. La salud de las inmigrantes peruanas en Santiago de Chile

El 7 de abril de 2008, Bernabita Vega, una inmigrante indocumentada de Perú, dio a la luz a su bebe en el baño del Hospital San José, un hospital público en Santiago. Cléver, su esposo, describe lo que pasó en un artículo del “Mercurio Sábado”, un periódico nacional:

Ella me ha contado que en el pasillo en que la estaban atendiendo había dos paramédicos que se paseaban y ella les decía que estaba sangrando, que les pedía auxilio y que el matrón le dijo ¡siéntese señora! […] Entonces ella, desesperada, vuelve a la sala de espera, me abraza y llora y me dice que no la quieren atender, que no le hacen caso y entonces se va al baño (Jalil 28).

Cuando Frei Montalva presentó este hospital durante su presidencia en 1999, él dijo que era “el hospital público más moderno en Chile” y costó 23 millones de dólares (Jalil 28). El Hospital San José es parte del Servicio de Salud Metropolitano Norte y por eso, sirve a las comunas de Independencia, Recoleta, Conchalí, Huechuraba, Quilicura, Lampa, Colina y Til Til. Estas áreas difieren en niveles socio-económicos y magnitudes; sin embargo, todos están en la periferia y por eso, tienen poblaciones más obvias de pobreza y inmigrantes. Asimismo, los barrios peruanos de Independencia son de mala fama.

Cléver Flores llega a Santiago de Chile el 28 de diciembre de 2006. Mientras él está buscando un mejor trabajo, su esposa, Bernabita, y sus tres hijos se quedan en Trujillo, Perú. Allá, Cléver trabajaba como maestro de la construcción y Bernabita era temporera de una empresa exportadora de espárragos. Después de algún tiempo, Bernabita y los hijos se juntan con Cléver porque él tiene un trabajo más o menos estable en Chile. Sin embargo, ha sido difícil para Bernabita encontrar un trabajo.

Ahora, la familia está en una lucha legal con el hospital. A pesar de esto, Cléver nos asegura que su pleito no es para ganar fama o dinero:

No estoy contra nadie. Lo único que pido es que esto no vuelva a pasarle a otra persona. Este trauma uno siempre lo va a llevar encima. Me siento orgulloso de haber recibido a mi hijo, pero lamento en las condiciones en que ocurrió (Jalil 28).

Cléver Flores tiene razón. Las circunstancias del nacimiento de su hijo no son justas y la historia de esta familia plantea muchas preguntas. ¿Por qué, en 2008, en un hospital público, una mujer da a la luz en el baño? ¿Quién o qué tiene la culpa? ¿Qué necesitamos hacer para prevenir algo como eso?

Aunque hay una plétora de cuestiones, una de fondo en la discusión es la salud de las mujeres inmigrantes. La historia de Bernabita Vega nos muestra que la realidad de la situación de las inmigrantes está llena de discriminación, desigualdad y una falta de representación política y discurso legal. El tema de la salud es un aspecto clave para probarnos que hay un gran espacio entre las normas internacionales y la realidad cotidiana para estas mujeres inmigrantes y esto es un apuro global; ni Chile ni Bernabita Vega son una excepción.

El sistema chileno de la salud

El análisis de la salud de la mujer inmigrante es un estudio integrado. Para mejorar la situación de esta población, necesitamos abordar la tarea desde muchos ángulos. Tenemos que comprender esta nueva realidad femenina. Necesitamos examinar los problemas generales de la salud de las mujeres, la atención de la salud de todos, incluyendo los hombres, y los específicos para las inmigrantes. También, debemos estudiar el discurso legal para conocer los estándares internacionales y nacionales, con respeto de la salud. La mayoría de estas inmigrantes, independiente de situación legal, está en un estado peligroso, que combina las amenazas de desigualdad, vulnerabilidad y exclusión[1] y Bernabita Vega es un ejemplo perfecto. La inmigración, la salud, y las mujeres son temas distintos; no obstante, solamente después de reconocer su interdependencia podemos trabajar en procura de más derechos de la salud para estas mujeres.

Desafortunadamente, Bernabita Vega no es única en esta situación.

Gráfico N˚ 3

Sistema de Salud Chileno

Fuente: Organización Internacional para las Migraciones, Santiago de Chile

El sistema de la salud es tan complicado en Chile como en otros países. El gráfico tres es un diagrama sencillo de un proceso complejo. La política de la salud no es de fácil comprensión y un estudio de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) de Santiago de Chile, es una prueba. En el otoño de 2003, Cristina Doña y su equipo hicieron un estudio sobre los derechos a la salud de los inmigrantes, un proyecto original y pertinente. Ellos estudian una variedad de discrepancias dentro del sistema chileno y la inmigrante peruana es una víctima frecuente.

Según el proyecto de OIM, Chile tiene un Producto Interno Bruto (PIB) muy estable y alto para la región; sin embargo, el país no gasta una cantidad apropiada en su sistema de la salud:

Con un Producto Interno Bruto (PIB) per capita de 9.623 dólares, Chile mantiene el octavo lugar de los 38 países en el continente americano y el primer lugar entre los países latinoamericanos. De acuerdo a los porcentajes entre diferentes países del PIB per capita destinado a la salud, Chile gasta un 7,2%, instalándolo en el último lugar del primer tercio de Sudamérica y la última posición del segundo tercio de los países americanos por su gasto total en salud como Estado (11,9%) (Doña 1).

Además, la Republica de Chile tiene uno de los sistemas de salud más privados en América. El sector público paga un 42,6%, mientras el privado constituye 57,4% (Doña 1). Los inmigrantes regulares, como todos los chilenos, pueden obtener el sistema privado, Instituciones de Salud Previsional (ISAPRES). No obstante, si los residentes legales no pueden alcanzar esto, tienen el derecho a usar el sistema público (FONASA), que fue creado en 1985.

Es muy difícil saber exactamente cuántos inmigrantes peruanos usan cada sistema. En 2000, Kathya Araujo, María Claudia Legua y Loreto Ossandón, de la Fundación Instituto de la Mujer, hicieron un proyecto sobre la migración peruana a Chile. En su publicación, ellos revelan dos serie de números.

Según la indagación realizada por el Grupo Misionero el 57,3% de los y las inmigrantes peruanos encuestados/as no tiene acceso a salud, el 30,9% hace uso del sistema FONASA, el 8,6% está en ISAPRES, y el 3,2% se atiende en la Parroquia Italiana[2]. En otro estudio realizado entre inmigrantes peruanos/as en dos consultorios [hospitales públicos] de la comuna de Santiago Centro, se reveló que el 61,8% de los/as encuestados/as declaró no haber recibido nunca atención de salud en Chile a pesar de sentirse enfermo y de los/as que declararon haber acudido a un servicio de urgencia sólo el 16,4% fue atendido (59).

Esta cita demuestra que a pesar de los números distintos, demasiados peruanos, independiente del estatus legal, no tienen acceso a un sistema de la salud y no reciben cuidado apropiado. Si hay una declaración internacional que fue firmada por Chile que establece los derechos humanos universales, si ciertas leyes nacionales existen para proteger estos derechos, si hay un sistema público para la gente documentada, ¿por qué tantos inmigrantes carecen del acceso a la salud y por qué las mujeres se enfrentan a tantos obstáculos?

La realidad cotidiana en Santiago de Chile

En julio de 2007, la Fundación Instituto de la Mujer hizo un análisis sobre la salud reproductiva de las mujeres inmigrantes en Santiago. El estudio de Nuria Núñez y Carmen Torres es uno de los únicos proyectos sobre la migración con la salud como foco. Ellos investigaron algunos consultorios en la Zona Norte de Santiago, donde viven muchos de los/as inmigrantes peruanos/as. El Instituto concluyó que la mayoría de las peruanas son jóvenes, tienen un promedio de 28 años y son madres o quieren ser madres en el futuro. Sin embargo, 50% es jefa de la casa y no tiene un esposo para ayudar con los niños u otros quehaceres. Aunque la mayoría no tiene un trabajo estable y vive en pobreza, ha vivido en Chile por más de cuatro años y tiene al menos diez años de educación. Algunas son legales; no obstante, muchos están en una posición irregular. Además, para el 78%, el embarazo constituye su primera vez que hizo uso del sistema (público) de la salud. Sin embargo, aunque estas mujeres jóvenes, son educadas, aún están viviendo bajo el nivel de la pobreza. Generalmente, ellas no visitan un médico a menos que están embarazadas. Los hechos son incongruentes (Núñez y Torres 25-26).

Según este estudio, el problema empieza con la discriminación; sin embargo ésta es una discriminación desde muchos ángulos. Primero, Chile, como muchos países, tienen una historia compleja respecto del racismo. Carmen Norambuena Carrasco, una investigadora del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile, escribió un artículo para la Revista Universitaria sobre la posición de los inmigrantes dentro de la sociedad chilena. Según ella: “Los argentinos serían los más aceptados y los peruanos, los más rechazados. De allí que, sin formular una sentencias que claramente exprese que el chileno es xenófobo, sí debemos admitir que hay inmigrantes que son más aceptados que otros” (11). Núñez y Torres también analizan el racismo. Según su estudio, las mujeres peruanas no están cómodas en los consultorios a causa de la discriminación de los médicos (28). En otras palabras, mejorar el acceso de estas inmigrantes a los consultorios o hospitales no es la solución completa porque no les parecen lugares seguros.

Como ha sido discutido, la mayoría de las peruanas que migran a Santiago lo hacen como nanas y son una parte enorme del servicio doméstico. Ellas trabajan veinte horas cada día y a veces el domingo es su único día afuera de la casa. Sin embargo, las oficinas de los médicos están cerradas durante las noches o en los domingos. Además, las familias generalmente no proveen el seguro médico a las peruanas y ellas no pueden pagar para su propio plan (Araujo et al. 61).

Desafortunadamente, la historia de Bernabita Vega no es la única. Las peruanas en Santiago de Chile están en una situación muy grave. Ellas son jóvenes y si tienen trabajos, no proveen el seguro médico. Además, ellas no se sienten cómodas si y cuando van al médico. El único cuidado consecuente, a pesar del estatus legal, es durante el embarazo. No existen ni una continuidad del cuidado ni un red de apoyo afuera de la comunidad peruana. Si el sistema no cambia, más y más tragedias como la de la familia Vega, va a ocurrir.

III. La salud de las peruanas en los Estados Unidos

El estudio de la salud de las peruana en Hartford, Connecticut empieza con el análisis de la salud de los latinos en los Estados Unidos. En términos muy generales, el gobierno y la política de los EEUU pueden ser organizados en tres niveles distintos: el federal, el estatal y el municipal. El gobierno federal crea las normas nacionales y cada estado manipula estas leyes y puede administrarlas dentro de los límites que han sido establecido por el gobierno federal. Además, cada ciudad y pueblo tiene su propio gobierno y ellos tienen que iniciarlas en el nivel más básico. Por eso, las peruanas en Hartford son una parte de una historia grande y un sistema más complejo.

El New York Times recientemente ha incluido una serie de artículos que describen la situación de los inmigrantes sin el seguro médico en los EEUU. Cada artículo discute una víctima distinta y una historia única. Sin embargo, la conclusión es la misma: una crisis existe en un nivel nacional sobre la carga de los inmigrantes sin el seguro médico. Deborah Sontag, en su artículo “Health Care Varies for Uninsured Immigrants”, resume lo que pasa después de que un inmigrante recibe el cuidado de emergencia:

There is only limited federal financing for these fragile patients, and no governmental oversight of what happens to them. Instead, it is left to individual hospitals, many of whom see themselves as stranded at the crossroads of a failed immigration policy and failed health care system, to cut through a thicket of financial, legal and ethical concerns.

Los hospitales tienen que atender todas las emergencias, a pesar del estatus legal. Sin embargo, como Sontag afirma, es los cuidados intensivos después de la emergencia que cuentan una cantidad enorme, como terapia física, respiradores artificiales o medicinas necesarias. Connecticut no es la excepción y también tiene que equilibrar las demandas federales, las necesidades de los ciudadanos, las limitaciones de los recursos y el deseo hacer lo que es justo.

La salud de los latinos en un nivel federal

El seguro médico juega un papel enorme en el sistema de la salud en los Estados Unidos. 81% de la gente en los EEUU tiene su seguro médico a causa del plan de alguien en su familia. En otras palabras, “in the United States, employment is the most important source of health insurance coverage for the nonelderly population” (Brown and Yu 238). E. Richard Brown y Hongjian Yu dedican su capítulo en Latinos: Remaking America a este tema. Según los escritores, el seguro médico “provides both children and adults an important degree of financial access to health services for acute and chronic conditions, as well as for preventative care [and] lack of health insurance coverage results in weak connections to the health care system” (237-238). Ellos proveen un ejemplo concreto. En un grupo de latinas sin el seguro médico, 24% no fueron al hospital a pesar de sus problemas médicos; sin embargo, solamente 7% con el seguro privado y 8% con Medicaid no fueron (237).

Asimismo, la Facultad de la Salud Pública de la Universidad de Berkeley publica “Health Insurance Coverage of Latinos[3] in the United States” en Octubre de 2008. Este artículo ofrece una variedad de estadísticas claves sobre la crisis de la atención médica en los EEUU y refuerza la importancia del seguro médico y la correlación entre este y la ciudadanía. En 2006, 16,4% de los estadounidenses no tenían el seguro médico, mientras 45% de nociudadanos no lo tuvieron (1). Además, 32,3% de los latinos no tenían el seguro médico en 2005 y el número aumentó a 34,1% en 2006 (1). Los inmigrantes hispanos tienen el índice más alto de una falta del seguro médico de todos los otros grupos de inmigrantes (Kandula, Kersey and Lurie 368) y el número continúa creciendo. No obstante, a los latinos no les falta el seguro médico porque no lo quieren, sino porque no tienen el mismo acceso a los trabajos que lo proveen (Brown and Yu 238).

Todas las estadísticas prueban que ciertas discrepancias en el estado de salud existen para los inmigrantes que han migrado a los EEUU y ellas tienen consecuencias graves. Namratha R. Kandula, Margaret Kersey y Nicole Lurie examinan una variedad de estudios previos sobre la salud de los inmigrantes y consolidan la información en un bosquejo específico. Los indicadores primeros de la salud (LHIs) son los factores que tienen mayor influencia sobre la salud, como el ejercicio, la obesidad, el sexo y el uso de drogas y alcohol. Kandula y su equipo analizan el bienestar de los inmigrantes con respecto a diez de estos indicadores, y vamos a enfocar en cuatro. Primero, las jóvenes inmigrantes están teniendo relaciones sexuales con la misma frecuencia de las jóvenes estadounidenses[4]; sin embargo, las inmigrantes no tienen el mismo apoyo de sus padres y por eso, experimentan los riesgos más graves. Este apoyo puede tener discusiones familiares, foros abiertos y/o consejo familiar. También, las mujeres inmigrantes no usan los anticonceptivos con la misma frecuencia porque les faltan el poder en sus relaciones (363). Segundo, los inmigrantes no reportan las enfermedades mentales con la misma asiduidad de noinmigrantes (365). Tercero, las latinas, específicamente, sufren más violencia intrafamiliar de todos los grupos inmigrantes (364). Finalmente, hay una correlación entre el número de los inmigrantes que usan las drogas ilícitas y el tiempo que ellos han pasado en los EEUU. En general, los inmigrantes usan drogas y toman alcohol con menos frecuencia que los estadounidenses; no obstante, después de quince años en los EEUU, los dos grupos los usan con la misma asiduidad (362).

El artículo de Kandula, Kersey y Lurie destaca algunos obstáculos y tendencias en el estudio de la salud de los inmigrantes hispanos y específicamente la de las peruanas. Según ellas, 34,7 millón extranjeros viven en los EEUU (359) y su artículo analiza la salud de todos, en términos muy generales. No obstante, los hispanos son un grupo dentro de una población enorme de inmigrantes y dentro de la población latina, existe mucha heterogeneidad. Es difícil comparar las experiencias de una mujer mexicana con las de una peruana o las de una hondureña. Por eso, se usa el estudio de Kandula, Kersey y Lurie y el artículo de la Universidad de Berkeley para establecer las discrepancias de la salud de los inmigrantes y específicamente las de las latinas en un nivel nacional. Los hispanos y los inmigrantes son los dos grupos que no tienen el seguro médico con la más frecuencia (Capps et all 34) y esto hecho tiene consecuencias graves para las peruanas en Hartford.

Las inmigrantes en Hartford, Connecticut

Connecticut tiene una población inmigrante diversa que incluye gente de Polonia, Canadá, México y más; sin embargo, los latinos constituyen el grupo más reciente y más grande (Capps et al. vii). Además, la mayoría de los inmigrantes de Connecticut viven en tres lugares, el condado de Fairfield, Hartford y su zona metropolitana y la región de New Haven-Waterbury (Capps et al. vii). Como la población inmigrante continúa creciendo, el estado se está enfrentando más y más obstáculos para absorber a todos. Desafortunadamente, los latinos no han recibidos la atención suficiente. Por eso, el Hispanic Health Council (HHC) publicó A Profile of Latino Health in Connecticut: The Case for Change in Policy & Practice en 2006 para destacar la crisis de la salud de los latinos en Connecticut. El HHC es una organización nogubernamental que fue establecida en 1978 para responder a las necesidades de la población puertorriqueña en Hartford y desde ese año ha desarrollado seis centros distintos, como el Centro de la Investigación y el Centro de Nutrición. El trabajo del HHC sobre la salud de los latinos en Connecticut provee una historia contemporánea sobre una población subestimada. Según HHC, los latinos son el grupo minoritario más grande en el estado, constituyendo 9% de la población de Connecticut; sin embargo, tienen el nivel más alto de la pobreza y del desempleo en Connecticut (1). El HHC caracteriza a los latinos en Connecticut como una población joven, (más de 40% tiene menos de veinte años) y solamente 42% se han graduado del colegio (1). Por eso, la mayoría de ellos solamente puede encontrar trabajos inestables o provisionales. Por consiguiente, ellos ni tienen acceso al seguro médico que es proporcionado por el empleador (EBHI) ni ganan suficiente dinero para suscribirse en un plan privado (2). Además, los latinos representan 40% de la gente sin el seguro médico en el estado (2).

Una serie de barreras y obstáculos existen que limitan la accesibilidad de los inmigrantes al sistema de la salud. Sin embargo, esta población vulnerable y pobre es más saludable de lo que se esperaría. Según el ensayo de Dolores Acedevo-Garcia y Lisa M. Bates sobre la salud de la población latina, “some patterns in Latino health have received attention because they appear to contradict our expectations based on the well-documented social gradient” (102). En otras palabras, cuando una población o un individuo es de un nivel socio-económico más alto, él o ellos deben estar más saludables. Ellos tienen, en teoría, el seguro médico, más información sobre la importancia del cuidado preventivo y más acceso a un médico estable. No obstante, los latinos no siguen este modelo. Ellos son demasiados saludables a pesar de su nivel socio-económico bajo.

Esta paradoja epidemiológica crea tantas preguntas como respuesta. Primero, demuestra la falta de la investigación sobre la salud de los hispanos. David E. Hayes-Bautista escribe un artículo sobre esta paradoja y la necesidad de más estudio. Las cuatro causas primeras de mortalidad en los Estados Unidos son cardiopatía, cáncer, ataques de apoplejía y enfermedades de pulmón. La mortalidad de los latinos es menor que la de los nohispanos caucásicos en cada categoría (223-225). Sin embargo, los latinos tienen un nivel más alto de la mortalidad con respecto a diabetes, SIDA y homicidio (225). Hayes-Bautista no tienen una explicación para la paradoja, pero él explica que los investigadores necesitan explorar las normas latinas. En sus palabras, “Once the norms for Latino populations are established, the variations from the norms can be identified, and then the risk factors that cause these variations can be sought” (228). Estas variaciones incluyen el género, la geografía y los subgrupos dentro de la población latina.

La paradoja epidemiológica también refuerza la interdependencia de la cultura y la salud. Diana es una peruana que ha estado viviendo en Hartford por treinta y cinco años. Ella argumenta que la comida en Perú es más saludable de la en los EEUU. Los peruanos comen más verduras y frutas naturales en vez de la comida rápida y esto tiene un efecto en su salud. Además, Hayes-Bautista ofrece su propio ejemplo de la importancia de la cultura:

In the matter of health, culture matters. In the case of Latino populations, culture’s significance can be appreciated in the case of diabetes. Given the higher Latino death rate for diabetes, this is a priority disease in California and other areas where many Latinos live. In a recent population-based survey of Latino and non-Hispanic white elderly in Los Angeles County, respondents were asked about the reasons for the onset of diabetes in adults. Latinos were as likely as non-Hispanic whites to cite the importance of hereditary, diet, and overweight in the onset of diabetes. For Latinos, however, even more important than hereditary, diet and overweight was the role of susto (fright) in the onset of diabetes (234).

En el estudio de la salud, la cultura juega un papel enorme. Como se ha mencionado, las tradiciones de países afectan su política y el desarrollo de leyes y pactos. Estas leyes influyen la vida cotidiana de sus ciudadanos. También, la cultura influye la educación de los niños. Como el ejemplo de Hayes-Baustista muestra, las tradiciones y las filosofías no cambian el momento que la gente migra. El tema de las enfermedades mentales es otro ejemplo que será analizado más tarde.

Dolores Acevedo-Garcia y Lisa M. Bates elaboran sobre otro aspecto de la paradoja epidemiológica. Ellas describen el hecho de que los inmigrantes de la primera generación son más saludables que los de la segunda. Esta idea sugiere que el acceso a la salud, la educación sobre la salud, su nivel socio-económico y más (o una combinación de estas ideas) de los inmigrantes empeoran y no mejoran cuando están en los Estados Unidos. Por eso, los factores que ayudan a mantener su salud y que crean la paradoja de salud erosionan con tiempo en los EEUU, felicitando la aculturación de los grupos inmigrantes.[5] Esto, en parte, explica el hallazgo de Kandula, Kersey y Lurie sobre el aumento en el uso de las drogas en la población inmigrante mientras ellos pasan más tiempo en los EEUU.

La realidad cotidiana de las peruanas en Hartford, Connecticut

La salud de las peruanas en Hartford no existe en un vacío sino que es el resultado de las tradiciones peruanas, los desafíos de la migración y la política estadounidense. Desafortunadamente, la experiencia peruana en Hartford refleja las tendencias generales de los inmigrantes y los latinos (y por eso, los inmigrantes latinos) en los EEUU en una variedad de maneras. Primero, hay una falta de información. El estudio del HHC es uno de los únicos proyectos que analizan la salud de los inmigrantes en Connecticut y tiene sus propios límites. Ellos estudian la población hispana en Connecticut y no se enfocan ni en un grupo específico ni en una ciudad específica. Sin embargo, el HHCC prevalece porque su publicación establece la magnitud de la ambivalencia sistémica sobre la salud de los inmigrantes.

Las peruanas enfrentan la mayoría de los mismos obstáculos que las otras mujeres inmigrantes. El embarazo, la depresión y la violencia intrafamiliar son tres ejemplos de las discrepancias, con respecto de la salud, que retan a estas mujeres.

En la perspectiva de la ley, el embarazo es una fase completamente distinta en la vida de una mujer. Su cuerpo antes y después del nacimiento de su bebe no tiene el mismo valor que durante el embarazo. La ley provee el cuidado, aún a las indocumentadas, durante el nacimiento y programas existen para ayudar a todas las madres. Estos nueve meses son la excepción a cada regla. Sin embargo, la salud de las mujeres de una familia y de una comunidad juega un papel enorme en el bienestar de esa familia o de esa comunidad en un nivel cotidiano. Grace Duarte-Baker, la directora del Programa Comadrona de HHC, describe la hipocresía. Según ella, si una mujer está deprimida o tiene diabetes, ella puede recibir el cuidado durante su embarazo; sin embargo, los mismos recursos no existen antes o después del parto. En las palabras de la Grace Duarte-Baker, la mayoría de estas mujeres “can’t even decide when they want to have children”. Hay una necesidad para los programas de la salud “antes de la concepción” y más continuidad.

Janett Gonzáles reitera la preponderancia de la depresión en la vida de una inmigrante. Ella es de Perú y vino a Hartford hace seis años. Cuando llegó, ella trabajaba como una limpiadora y una camarera. Ella también participaba en un show de radio cada sábado y se dio cuenta de que la comunidad latina de Connecticut tenían muchas preguntas sobre la moda. En Perú, Janett la estudiaba y después de trabajar por años en otra cosa, ella fundó su propia escuela de modelaje e imagen en Hartford. Su escuela ha tenido éxito y por eso, el año pasado ella empezó una revista, que se llama Imagen.

Janett Gonzales habla sobre la importancia de la autoestima en la vida, especialmente en la de las jóvenes y las mujeres. A causa del papel de su abuela en su vida, Janett tenía la oportunidad de estudiar, venir a los EEUU y crear su empresa. Desafortunadamente, en su opinión, la depresión es uno de los obstáculos más graves para las inmigrantes; es “una puerta abierta para cualquier enfermedad.” Cuando una joven está deprimida, ella no va a la escuela sino usa las drogas y tiene el sexo inseguro. Además, cuando una madre sufre de una enfermedad mental, ella ni puede cuidad a los niños ni trabajar para apoyar a la familia. Sin embargo, la población latina no se da cuenta de esto. Grace Duarte-Baker elabora:

In their country of origin, these women struggled daily. Here in Hartford the obstacles do no cease…they just change. Their life is hard and therefore, they do not recognize their depression as anything else but another piece of the struggle. In many Latin America countries, mental health has not become its own area of study. These immigrants are so used to hardship, they don’t…they can’t compare it to a broken leg. It is not something out of the ordinary.

Janett Gonzales y Grace Duarte-Baker hablan sobre la severidad de las enfermedades mentales y sus experiencias contradicen el estudio por Kandula, Kersey y Lurie. Según las autoras, “the literature suggests that immigrants, in general, have lower rates of mental illness that the U.S.-born and second or third generation immigrants [and] among Latino immigrants, the prevalence of mental disorders […] are lower than in U.S.-born adolescents” (264). Quizás Kandula y su equipo llegan a esta conclusión porque los inmigrantes no reconocen la depresión o la ansiedad como anormalidades que merecen el cuidado médico. Quizás Gonzales y Duarte-Baker tengan un acceso más íntimo a las historias privadas de las inmigrantes de Hartford. Es imposible comprender todos los detalles y por eso, las observaciones de dos mujeres no deben invalidar las conclusiones de un estudio académico. Sin embargo, las discrepancias prueban que la complejidad de proveer cuidado comprehensivo y que hay una necesidad para más investigación.

Mientras las enfermedades mentales representan una contradicción clave, la violencia intrafamiliar es una de las semejanzas principales que la mayoría de la literatura comparte. Durante sus años al HHC, la Duarte-Baker ha conocido a mujeres hispanas que se casaron con hombres estadounidenses para ayudar con su estatus legal. Desafortunadamente, cuando ellas experimentan la violencia intrafamiliar, no tienen opciones para obtener la ayuda o el asilo. Ellas pueden ser ilegales, ser las madres de niños y/o tener miedo del gobierno. Sin embargo, la violencia contra las mujeres no es limitada a los hombres estadounidenses. En las palabras de Duarte-Baker, “domestic violence is completely disempowering” y está en todos los lugares.

Aunque la salud de las inmigrantes está en una época de crisis, las peruanas en Hartford tienen algunos recursos. HUSKY, el programa de Connecticut que provee el seguro médico a las familias de bajos ingresos, puede y debe ser utilizado por los inmigrantes legales con niños (Capps et al. 36). Sin embargo, HUSKY no fue creado para ayudar a los adultos sin niños. Por eso, los indocumentados y la gente sin niños, tienen menos opciones. Afortunadamente, Hartford, como la capital de Connecticut y una ciudad grande, tiene los recursos que no existen en las comunidades más pequeñas o rurales. Por ejemplo, hay centros médicos comunitarios, como Community Health Services, unidades móviles que proveen el cuidado de emergencia y primario, como Malta House of Care y las salas de esperar de hospitales grandes, como Hartford Hospital. Sin embargo, estos no pueden ser sucedáneos permanentes para el cuidado primario. Además, estos no proveen los servicios especializados. La atención dental y para la salud mental son inaccesibles a los pobres, indocumentados y otros grupos marginalizados. Estas especialidades son caras y sin el seguro médico, la persona o la familia tiene que pagar la cantidad total, solicitar y luego ser negado por HUSKY para un reembolso o establecer un acuerdo de pago (Capps et al 41). En otras palabras, no es realista.

Un tema recurrente de toda la literatura sobre la salud de los inmigrantes es la lista enorme de desafíos. Ellos enfrentan una variedad de obstáculos cada día, a pesar de su estatus legal. No obstante, dificultades específicas existen que tienen un efecto grave en su acceso al cuidado médico, aún si alguien es un candidato apto para la asistencia pública. Estos pueden ser organizados en cuatro categorías generales: la barrera idiomática/cultura, la falta de educación/conocimiento, la burocracia y el miedo.

Las barreras idiomática y de cultura parecen obvias pero tienen consecuencias graves. Si alguien no puede comunicarse con su médico, el paciente no puede describir el problema y el médico no puede ofrecer la ayuda. Una paciente latina no va a sentirse tan cómoda con el médico blanco que no habla español como un médico hispano que puede charlar con ella. Además, un médico estadounidense no sabe que en Perú no existe la educación sexual como en los EEUU y por eso, una joven peruana no va a tener el mismo nivel del conocimiento sobre los anticonceptivos como una joven estadounidense. Segundo, es difícil informar a la población inmigrante sobre los programas que sí existen o las direcciones de las clínicas o los consultorios en la región de Hartford. Por eso, las organizaciones, como Hartford Hospital y Hispanic Health Council trabajan con la Biblioteca Pública de Hartford y el Consulado de Perú para distribuir la información y obtener acceso a los inmigrantes (Ramirez).

A pesar de estos esfuerzos, los inmigrantes todavía necesitan enfrentar los obstáculos burocráticos. Un círculo vicioso existe y el gobierno estadounidense lo perpetúa con sus expectativas poco realistas y la sociedad lo perpetúa con su dependencia de grupos marginalizados. Los Estados Unidos depende de los inmigrantes y los minoritarios para llenar los trabajos bajos porque los estadounidenses no quieren hacerlo. No obstante, estos trabajos mantienen la vida cotidiana.

Los EEUU, en teoría, es el país de esperanza, de diversidad, de progreso. Fue fundado por los inmigrantes. Sin embargo, es muy difícil entrar en este país en una manera legal. John P. Weiss trabaja en el Instituto Internacional de Connecticut, una organización nogubernamental que provee asistencia legal a los inmigrantes del estado. Él explica que hay cuatro opciones para obtener una visa legal (excluyendo los refugiados y la gente que pide asilo político): como un inmigrante, un estudiante, un trabajador temporal o un visitante. Según el Señor Weiss, 75-80% de la gente que está buscando ser inmigrantes legales necesitan probar un “affidavit of support”. Este documento demuestra que hay otra persona que es responsable económicamente por el inmigrante potencial y por eso, esta persona, este inmigrante potencial, no será un “public charge” si migra a los EEUU. En otras palabras, el gobierno estadounidense quiere asegurarse de que la persona que está solicitando ser un inmigrante no necesitará asistencia pública y/o no usará fondos públicos. También, este proceso es muy largo. Sin embargo, si alguien está viviendo en el país ilegalmente y no tiene el seguro médico, no puede aprovechar de los programas como HUSKY y Medicaid. Además, como Brown y Yu ha mencionado, los latinos no tienen el mismo acceso a los trabajos que proveen el seguro médico. Finalmente, el miedo exacerba todo. Según John Weiss, los inmigrantes no utilizan la asistencia pública, aún si les corresponde el derecho, porque tienen miedo que tendrá efectos adversos, como la deportación.

III. Resumen

Esta tesis ha enfocado en la realidad de las inmigrantes legales; sin embargo, la salud es un derecho humano fundamental y por eso, necesitamos mencionar a la gente irregular, la gente que está viviendo en un país en una manera ilegal, los indocumentados. Hay muchas razones que explican la migración indocumentada, lo mismo que la migración documentada, como factores económicos y/o sociales. Sin embargo, esta gente no puede obtener, no quiere obtener, no sabe cómo obtener los documentos necesarios, como el Rol Único Tributario (RUT) en Chile o una visa o “Green Card” en los EEUU. Por eso, ellos no pueden usar ni el sistema público de la salud en Chile, ni el de los EEUU. Sin embargo, dos excepciones claves existen en los dos países, las emergencias y el embarazo. Nuñez y Torres explican el caso de los ilegales en Chile.

Si la persona carece del RUT, el sistema la excluye como sujeto de atención en salud y no considera ni se hace cargo de su situación particular de migrante peruana y carente de medios; es decir el sistema no cuenta con una política pública focalizada para atender a mujeres migrantes. Se constata, por ende, un déficit de las políticas de salud, toda vez que por un tema administrativo/legal se excluye a mujeres vulnerable- las mujeres indocumentadas- de un derecho humano básico como el derecho a la salud (28).

Desafortunadamente, el sistema estadounidense también ignora este grupo de gente.

Ni Chile ni los Estados Unidos tiene un sistema que protege a las mujeres inmigrantes. En teoría, la gente legal puede utilizar los sistemas de salud, los privados o los públicos, en Santiago y en Hartford. Sin embargo, una lista muy larga de barreras y obstáculos les impide su acceso. Además, si es difícil para las legales recibir el cuidado médico, es imposible para las indocumentadas.


[1] Apuntes de clase, Prof. Smith Altamirano, el 28 de abril de 2008

[2] Según un artículo por José Alduante de La Nación, en febrero de 2007, la Parroquia Italiana es una institución religiosa en Santiago de Chile que trabaja con los inmigrantes pobres.

[3] El artículo no define la palabra latino y por eso, no es claro si ellos refieren a los inmigrantes, la primera generación que nacieron en los EEUU o la segunda o tercera generación. Además, no clarifica si los números reflejan solamente los documentados o una mezcla de los documentados y los indocumentados. A pesar de esto, las generalizaciones y conclusiones son importantes porque establecen que disparidades en el cuidado médico existen entre los latinos como un grupo minoritario y el resto de la población de los Estados Unidos.

[4] El estudio no especifica este grupo heterogéneo y no distingue entre los ricos o los pobres, los blancos o los negros etc.

[5] Según el artículo, “Acculturation and Latino Health in the United States: A Review of the Literature and its Sociopolitical Context,” por Marielena Lara et al., la aculturación es “the acquisition of the cultural elements of the dominant society- language, food choice, dress, music, sports, etc.- was the process by which assimilation was to be achieved” (369). En otras palabras, es un proceso por la cultura inferior y ellos tienen que perder sus tradiciones antiguas para asimilarse.

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